lunes, 10 de agosto de 2015

Aspectos traductológicos, lingüísticos y socioculturales del japonés





Se podría decir que el francés, el inglés y el alemán son las lenguas de trabajo más comunes hoy en día. No obstante, cada vez son más los estudiantes y profesionales que deciden incorporar una lengua exótica a su combinación lingüística. 

La entrada de hoy tendrá formato de entrevista, ya que tuve el privilegio de contar con Silvia Pradini, estudiante de Traducción e Interpretación de la universidad de Salamanca. Es un tema que daría para mucho más que una entrada de blog, así que he procurado hacerle preguntas muy concretas para dar a conocer la tremenda labor de traducir (y aprender) del japonés.





¡Espero que encontréis el contenido interesante!



Antes de nada, ¿cuáles fueron las razones que te llevaron a elegir el japonés como lengua C?

Elegí japonés con un objetivo claro: diferenciarme de los demás. Sí que es verdad que desde hacía tiempo me había interesado por la cultura nipona y que me despertaba mucha curiosidad, pero esa fue la principal razón. Al final, en cualquier profesión tenemos que ofrecer lo que el cliente quiera comprar, cubrir la demanda, y si todos nos dedicáramos a la misma especialidad ninguno tendríamos trabajo. 


Tu lengua B es el inglés y tienes también conocimientos de francés e italiano. Según tu experiencia en el aprendizaje de idiomas, ¿dirías que el japonés exige una metodología distinta de estudio?

Desde luego. No se parece a nada que haya estudiado antes. Cuando estudias una lengua cercana a tu lengua materna, puedes encontrar similitudes entre ellas, raíces o estructuras parecidas que te ayudan en el aprendizaje… Eso con el japonés no pasa. Un idioma tan distinto por supuesto que necesita un enfoque distinto.


Antes de meternos en el mundo de la traducción, ¿cuáles crees que son los aspectos lingüísticos más problemáticos del japonés? En el caso del español, a casi todos los estudiantes se les resiste el uso del subjuntivo y el uso de por / para (entre otros).

Sin duda, y aunque pueda resultar obvio, los kanji. Normalmente cuando aprendes un idioma, lo que aprendes por escrito te sirve para comunicarte oralmente y viceversa. Pues con el japonés no. Yo puedo mantener una conversación fluida sin problemas pero luego a lo mejor no soy capaz de leer literatura japonesa. Cada palabra es única y se escribe con ciertos caracteres inamovibles (o incluso puede escribirse de varias maneras). Y se combinan. Y cada uno de esos caracteres varía de lectura dependiendo de su posición en el compuesto. En fin, supongo que os hacéis a la idea. 
Otro tema que me hace especial gracia es el de los numerales. No es lo mismo contar árboles que bolas de billar. Un objeto fino y plano va a llevar el sufijo “-mai” detrás del número, mientras que un objeto alargado llevará el sufijo “-hon”, los animales pequeños llevarán “-hiki” y un largo etcétera. Además estos sufijos varían según el número que vaya delante para evitar las cacofonías. Es una locura. Cualquiera pensaría que aprender a contar es de lo más fácil en cualquier idioma, pero no.


Los traductores somos puentes entre culturas y, aun traduciendo entre culturas occidentales, muchas veces nos encontramos con brechas casi insalvables. Imagino que con el japonés esto se multiplicará x100. Cuéntanos tu experiencia al respecto.


Sí, es una cultura muy distinta. Lo que más destacaría de ella es el pensamiento orientado a la comunidad. Piensan como un colectivo del que siempre hay que estar pendiente. Hay muchas reglas no escritas sobre qué hacer en cada ocasión, dependiendo de diversos factores como la edad o el grado de cercanía con la otra persona. En España u otros países de Europa también sabemos que hay ciertas cosas que no se deben hacer delante de alguien a quien no conoces, pero no es algo tan estricto como en Japón. Seguramente te preguntarán la edad antes de conocer tu nombre de pila (ya que les dirás el apellido de primeras) para así saber qué tipo de formalidad utilizar contigo.



Como extranjera, he de decir que yo quise aprender desde el principio y desenvolverme dentro del mundo de los formalismos japoneses, pero es prácticamente imposible. Igual que en todos los idiomas, todas las palabras tienen matices y connotaciones sutiles que no casarían con ciertas situaciones, por lo que para un estudiante (o simplemente un no japonés) es muy difícil dominar ese aspecto, y para ellos es muy importante. Aunque normalmente son muy comprensivos y no esperan que cumplas con todas esas normas no escritas, simplemente porque piensan que lógicamente no las conoces, algunos japoneses pueden llegar a ofenderse por cómo te comunicas con ellos, ¡y tú sin ninguna mala intención! 
Otro tema curioso es el del honne y el tatemae, una dualidad entre los que sentimos y lo que transmitimos que no existe en nuestra cultura. Si os interesa de lo que estoy hablando, os animo a investigar sobre ello.


El aurea mediocritas de la traducción es ese punto medio entre domesticar y exotizar el texto meta. Por supuesto  que dependerá del encargo, ¿pero  te es más difícil encontrar ese equilibrio en relación con lo que nos acabas de contar?

Muchísimo. Precisamente por esas diferencias culturales de las que hablaba antes, hay veces que no es posible transmitir lo mismo que en el texto meta. Por ejemplo, en japonés existen muchísimas palabras para designarse a uno mismo en función del sexo, la edad, el lugar, la época, a quién nos dirigimos etc., mientras que en español solo disponemos del “yo”.  Al final, el lector español no va a notar esa falta de matices ya que no está acostumbrado a ellos en primer lugar, pero es bastante frustrante para los traductores.


En el caso de la Universidad de Salamanca, no se imparte traducción inversa del japonés1, ¿qué opinas al respecto? ¿Descartas la posibilidad de hacer inversa en un futuro?


Sinceramente, no me parece mal. Los casos en los que te van a encargar una traducción inversa al japonés en el mercado laboral van a ser escasas como para dedicarle tanto tiempo y sufrimiento. Cualquier editor encargaría una traducción al japonés a un japonés antes que a un español. Es lógico por todas las cuestiones que he mencionado antes. Sólo puedes transmitir todos los matices del japonés entendiéndolos, y eso no lo hace cualquiera. Si trabajas en una empresa, puede que te pidan que te encargues de traducir correos electrónicos para los clientes japoneses, por ejemplo. En definitiva, el nivel de traducción inversa que van a solicitar va a ser inferior al que se espera del de una directa.


El curso pasado te fuiste a Waseda con la beca de intercambio. Para los que estéis interesados, este es el blog que Silvia creó para relatar sus experiencias. En cuanto a preparaciones para el intercambio, ¿tuviste que hacer mucho más papeleo por tratarse de Japón?

Antes de nada, he de avisar de que el blog lo creé con la intención de servir de puente entre mi familia y amigos que estaban en España y mis experiencias en Japón. Entre el cambio horario y lo ocupada que estuve, fue la manera más eficaz de mantenerme en contacto con todos y contar mis aventuras. Y he de decir que desde que volví lo tengo bastante abandonado. Tengo bastantes entradas pendientes que hacer, pero por lo pronto no prometo nada.

En cuanto al papeleo, sí, fue infernal. Estuvimos pendientes de la beca durante año y medio antes de poder acceder a ella finalmente y, después de eso, tuvimos muy poco tiempo para presentar la solicitud y todo lo que venía con ella. Pero supongo que eso sucederá con cualquier beca. Por tratarse de Japón no necesité nada en especial aparte del certificado de nivel de idioma, pero sí por ser un destino fuera de la Unión Europea. Pasaporte, balance de ahorros del banco, seguro médico, una carta de motivación y una de recomendación son los papeles que recuerdo haber entregado.


La gente suele tener una imagen muy kawai desu anime sobre Japón. ¿Algo que decir para romper con este estereotipo? ¿Tiene algo que ver ese Japón loco y exuberante que imaginamos con la realidad? ¿Algo que te llamara especialmente la atención de allí?


No es para nada así. De hecho, en Japón discriminan a los otaku más que nosotros en España. El 80% de los japoneses que conocí sólo habían leído manga y visto anime en su infancia y en la actualidad les resultaba algo sin interés. Pero los japoneses también saben salir de fiesta y divertirse como en cualquier otro país. Con diferentes horarios y más caro, pero salen de fiesta exactamente igual que nosotros. Y están igual de locos que nosotros.


España y en general los países de la cuenca mediterránea se les conoce por el carácter sociable y abierto de sus habitantes. Eso sería algo que supongo que echarías de menos en tu estancia en Japón. ¿Cómo se lleva ser español allí?


Lo que más eché de menos, sin duda, eran los abrazos. Si bien es cierto que mis amigos cercanos me los daban, los abrazos japoneses no son iguales que los europeos. Simplemente no les sale, no están acostumbrados. Pero transmiten el cariño de mil y una maneras, igualmente válidas.


Lo que me traía de los nervios cuando estaba allí era que todo el mundo presuponía que bailaba flamenco. Una vez incluso hice una presentación de Power Point sobre España (en concreto sobre el norte de España) para dejarles claro que lo nuestro es una tierra de contrastes. Pero no debió calarles mucho, porque al día siguiente me preguntaron a ver si les bailaba algo.


Dicen que aprender un idioma nuevo es ganar una nueva forma de ver la vida. ¿Qué te ha aportado el japonés o qué te ha descubierto?


La gratitud. Allí se tiene mucho en cuenta los sacrificios que hacen las personas por realizar cualquier cosa, por lo que se tiende a decir gracias por casi todo. Como anécdota: A mi regreso, nada más bajar del avión y entrar en el aeropuerto, saludé a los guardas de seguridad con una reverencia. Después fui a comer y otra vez. Ahora he superado el punto de hacer reverencias a todo aquel que se cruza conmigo, pero ahora soy más consciente de las acciones de los demás y de que todo esfuerzo debería reconocerse como es debido.


 Y para terminar, además de darte las gracias por dejarte molestar, ¿compartes con nosotros alguna experiencia reseñable que viviste en Japón? (De nuevo, el que quiera saber más, puede visitar el blog de Silvia aquí)

Gracias a ti por demostrar interés por este idioma tan bonito y por contar conmigo para animar a que lo descubra más gente.
Allá vamos con la anécdota: Yo vivía en Tokio, una ciudad inmensa y acostumbrada a los extranjeros, y me fui de vacaciones con una amiga a su pueblo natal en las islas de Shikoku. Para los que no lo sepáis, son unas islas pequeñitas al sur de Japón, un lugar muy pintoresco y sin grandes aglomeraciones, donde el único extranjero es el profesor de inglés de la capital de la isla. Pues bien, mi amiga me llevó a casa de sus tíos a cenar. Sus tíos tienen dos hijos de menos de cinco años, y se quedaron anonadados al verme. Literalmente. Nada más entrar por la puerta los dos se me quedaron observando con los ojos y la boca abiertos del asombro y se mantuvieron así durante un minuto por lo menos. Más adentrada la cena, la más pequeña, que de pie medía lo mismo que yo sentada, se acercó a mí y comenzó a tocarme la nariz mientras se tocaba la suya como diciendo «¿por qué tú tienes un hueso ahí en medio y yo no?». Me pareció muy adorable y recuerdo aquel momento con mucho cariño.




1. En la Universidad de Salamanca se forma en traducción inversa con base en la realidad del mercado (aunque sobre esto haré otra entrada). No obstante y por el mismo motivo, no se hace inversa del japonés.

2 comentarios:

  1. Interesante. Doy fe del caos que son los cuantificadores en japonés y la cantidad de matices que tiene el idioma para TODO.

    A nivel personal, y con 12 años de japonés a mis espaldas, las modificaciones que hay para los distintos registros de lenguaje honorífico siempre fueron mi mayor quebradero de cabeza :P

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    1. ¡12 años! Madre mía... yo lo empecé el año pasado como optativa, pero era demasiado para mí. Cuando Silvia me habló de los sufijos de conteo, ¡pensé que era una broma! La magia del japonés :p

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