martes, 28 de julio de 2015

Cómo afrontar una traducción del alemán (y otros idiomas)


DE➡ES




¡Hola tradumaníacos! Esta vez me gustaría compartir con vosotros la metodología que sigo para traducir del alemán. La verdad es que me siento un poco pretencioso escribiendo sobre ello porque todavía me queda un larguísimo camino en el mundo de la traducción. En cualquier caso, me gustaría aclarar que esta entrada está pensada para estudiantes de traducción o para gente que no tenga experiencia traduciendo del alemán (o cualquier otro idioma, vaya). Dicho esto, aprovecho para decir que las estrategias que planteo son extrapolables a otros idiomas (especialmente el punto uno y dos).



Vale, tienes frente a ti el texto origen. ¿Y ahora qué?  Bueno, vamos por partes, como diría Jack el Destripador.


1. Análisis




Cada texto exige unas determinadas estrategias y recursos de traducción. Como es lógico, no traduciremos de igual manera una novela que una noticia, así que lo primero es inspeccionar lingüísticamente el texto. 


 Digan lo que digan, lo primero en lo que nos fijamos en una persona es en su apariencia física y, en este caso, no es muy diferente, ya que lo primero que evaluaremos del texto es su macroestructura (y superestructura):


  • ¿De qué trata el texto?
  • ¿Cómo está organizada la información?
  • ¿De qué partes consta?

Analizar el esqueleto del texto origen nos ayudará a entender su estructura y facilitará la labor traductoril. Huelga decir que si el texto trata sobre, por ejemplo, la formación de rocas metamórficas, tendremos que documentarnos al respecto para hacernos con la terminología. Para ello, además de consultar enciclopedias y patearnos internet, tendremos que recopilar textos paralelos en la lengua destino —y si tienes tiempo y ganas, también es útil en la lengua origen—. Conviene analizar con especial atención los textos paralelos, ya que nos aportarán información vital: terminología, construcciones fijas, disposición de la información, variables de traducción... 

Llegados a este punto, es hora de sumergirnos en el fondo del texto origen y analizar la microestructura:


  • Ideas principales y secundarias.
  • Sintaxis.
  • Cohesión (marcadores textuales).

Si la macroestructura era el esqueleto, la microestructura son los órganos internos. Aquí tenemos que hurgar en las entrañas del texto. Se podría decir que es una especie de autopsia textual en la que inspeccionamos todos los detalles: sintaxis, puntuación, estilo e intención del autor, elección léxica, repeticiones, figuras literarias... ¡todo! 


CADA TEXTO EXIGIRÁ QUE NOS FIJEMOS
EN UNOS ASPECTOS O EN OTROS







2. Cuestiones extralingüísticas




Una vez analizado el texto, tendremos que tener en cuenta una serie de cuestiones extralingüísticas muy importantes a la hora de adecuar la traducción.

En primer lugar, tenemos que preguntarnos quién es el lector meta, es decir, a quién va dirigido. Parecerá una obviedad, pero de ello dependerán nuestras estrategias y recursos de traducción. Por ejemplo, el texto origen podría ser un artículo científico especializado y nuestro cliente quiere que lo traduzcamos para una revista de divulgación científica como el Muy Interesante. En ese caso, tendríamos que bajar el nivel de especialización y recurrir a la amplificación para hacer pequeñas aclaraciones. Por poner otro ejemplo, podríamos tener que traducir un artículo sobre los productos más emblemáticos de la cocina inglesa para una revista española sobre gastronomía. Seguramente nos encontraríamos con el Marmite (una pasta hecha a base de levadura). Este ejemplo me viene bien para señalar otra de las cuestiones extralingüísticas que el traductor tiene que tener muy en cuenta: las diferencias culturales. Si al lector español no le aclaras lo que es el Marmite, la traducción causará extrañeza. Otra cosa sería que se tratase de una revista española dedicada a la gastronomía inglesa, entonces amplificar sería opcional (y casi hasta desaconsejable).

A la hora de solventar las diferencias culturales, el traductor se ve en un tira y afloja entre dos fuerzas inconmensurables: la de la cultura origen y la de la cultura meta. Es la eterna lucha entre exotizar o domesticar el texto. Para el que no esté familiarizado con los conceptos, exotizar es mantener la totalidad del contenido cultural del TO (texto origen) en el TM (texto meta). Por ejemplo, en la traducción al inglés de Don Quijote de la Mancha, exotizar sería mantener el típico desayuno manchego duelos y quebrantos que el hidalgo se mete entre pecho y espalda. Por otro lado, domesticar es sustituir los elementos culturales del TO por supuestos equivalentes en la cultura meta. Siguiendo con nuestro ejemplo, domesticar sería sustituir duelos y quebrantos por [inserte aquí plato típico de la época y de la zona de la cultura meta]. Luego está el aurea mediocritas que sería algo a medio camino entre exotizar y domesticar. Si se tratase de un texto no literario, valdría con mantener duelos y quebrantos y amplificar con una aposición, pero la traducción literaria es un mundo delicado, así que no digo nada.

Por último y no por ello menos importante: las exigencias del mecenas (el que te paga, vaya). ¿Has oído eso de que el cliente siempre tiene la razón? Bueno, pues es más o menos así. Habrá veces en las que las condiciones que te ofrezca rozarán el absurdo: "oye, tengo un texto de 50.000 palabras, nada difícil, corrientes filosóficas posmodernas, 0,02 por palabra para la semana que viene, ¿sí?". Es por eso que muchas veces, además de traductores, tenemos que ejercer como educadores y concienciar de cómo es nuestro trabajo, cuáles son las condiciones mínimas y de por qué se debería meterse ese encargo por el ano sin vaselina. Este tema daría para otra entrada, pero por ahora os dejo con este artículo, en el que Carlos Fortea habla con mucho acierto de la ética del traductor.



3. Resolución de problemas



 Llegados a este punto tenemos mucho ya hecho, pero siempre habrá alguna palabra o alguna frase que nos haga estrujar los sesos hasta límites insospechados. En el caso del alemán, su sintaxis endemoniada y su facilidad para formar sustantivos compuestos o para despacharse frases subordinadas en un participio de presente nos dará muuuchos quebraderos de cabeza.

Si el problema es una frase (o varias), recurro a lo que yo denomino deconstrucción sintáctica (me encanta acuñar palabros, por si no se ha notado). Es un proceso que consta de tres pasos:


    1. Análisis sintáctico.
    2. Subanálisis de la unidad sintáctica más problemática.
    3. Traducción aproximada.
Para ilustrarlo, adjunto un ejemplo:

Si el problema es una palabra, esa que no encuentras, pero sabes que existe y que encajaría perfectamente en el hueco, no hay nada como hacer un mapa de conjunto de armónicos. Suena un poco marciano, pero en el fondo es una tontería, una tontería que ayuda mucho. Pongo un ejemplo muy simple:





Hay muchísimos métodos y recursos, pero estos son los que personalmente más me ayudan a la hora de salir del apuro. Espero que hayáis encontrado útil la entrada.

¡Hasta la próxima!


2 comentarios:

  1. ¡Bendita fase tres! No sé ni cómo he llegado hasta aquí, pero ya que estoy, me quedaré un rato... let's see what you come up with. :)

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    1. Me alegro de que te haya servido de algo, me he dejado alguna cosilla en el tintero, pero seguramente la aproveche para próximas entradas :)

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